SE VENDEN

Congresistas, fiscales generales de la nación, contralores, registradores, procuradores, periodistas, candidatos a la presidencia, alcaldes, gobernadores, ministros, embajadores, policías, generales, sacerdotes, zares anticorrupción, presidentes y más chucherías curiosas y pintorescas.

Desinformes aquí: ww.estadocorruptodemierda.desgovierno.co

Servicio social

LE ENSEÑAMOS A RECICLAR LA BASURA PARA TRANSFORMARLA EN OTRA CLASE DE BASURA.

Acérquese a cualquier instalación de SISTEMA CONSUMISTA DEPREDADOR, departamento de expropiación de almas.

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¡URGENTE!

Se necesita desesperadamente voluntad y capacidad de autocrítica. Hay escasez de dicho artículo en la especie humana pero se hace todavía más evidente en políticos de todas las calañas como expresidentes, presidentes y toda suerte de gobernantes y exgobernantes. En el mercado de valores esta divisa no ha logrado remontar su estatus por la fuerte tendencia a creer que adquirirla debilita el autoproducto. Por favor, si sabe cómo o dónde conseguir AUTOCRÍTICA CONSTANTE o en su defecto, AUTORREVISIÓN PERMANENTE, se lo agradecerá sobre todo usted mismo. ¡Ayuda!

SE BUSCA (ella misma)

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  • Comunista

  • Drogadicta

  • Lesbiana

  • Vieja

  • Fea

  • Loca

  • Descerebrada

  • Mamerta

  • Fracasada

  • Con razón la dejó Vives.

Doña Ruth Esneda Barrios Caviedes

Ruth Esneda Barrios Caviedes, '"La Ranga", es un personaje que creé inspirada en Raquel, de la película Paraíso Travel, cuyo guión es una adaptación de la novela del mismo nombre escrita por Jorge Franco. Me da pereza contarles todo aquí. Si quieren saber cuál fue el proceso de construcción de este personaje maldito, chismoseen esta charla que di en un evento de Creative Mornings. Como quiero que este blog sea texto en su mayor parte, prefiero dejarles una muestra escrita de una escena que escribí para la serie y que se puede ver en este capítulo que titulé Doña Ruth afónica. La escena no salió exactamente como la escribí, pues cuando grabo a La Ranga yo misma me contesto y me tengo que imaginar lo que el otro personaje dice. 

 

 

"Rudesneda" afónica

 

 

Cuando Éridson Acuña abrió la puerta de la habitación de su madre adoptiva, doña Rudesneda Barrios Caviedes, la señora estaba enfurruñada y acostada en su camastro tratando de recuperarse –según ella– de la fuerte jornada laboral de la noche anterior en la que había tenido que cantar (hasta las cinco de la mañana) una recua de rancheras y tangos para un público muy importante.

       –¿Cómo amaneció mi doña?

     –Pues, ¡muy pésima! –contestó la vieja, completamente afónica–. O cómo querés que amanezca después de estar pitando la noche entera pa’ esa cantidad de viejos protásticos.

      –Me imagino, mi ama –dijo el diligente Éridson, consciente de que no debía descorrer todavía el pesado cortinaje que cubría los ventanales y ocultaba por completo la luz del medio día–. Pero por ahí la oí decir que, igual, eran señores muy renombrados y todos admiradores suyos.

       –Ah, eso sí. Ese grupete de ayer eran todos amigotes de Míster Solo (amante eterno de doña Rud, coronel retirado del Ejército Nacional y “Cacorro de Siete Aerosoles”); nada menos que de la cópula militar. Ni modo de no complacerlos así sean todos impotentes.

       –¿Y esta noche cómo va a hacer? ¿No que también tiene presentación, pues?

       –Mejor decime vos, maldita sea. Si todos ellos no más vienen pa’ vemen a mí. Más canta un gallo en una olla de sancocho que yo con este guargüero seco. ¡¿Qué vamos a hacer?!¿Con qué chod les voy a salir?

       –Y por qué no duerme otro rato y se queda calladita que hablando le va peor. De pronto de aquí a un ratico se mejora para su show.

     –No, esperate. Primero, decile a Dubis que se me acabó mi Pinofrín Adtavis – dijo la mujer, molesta, volteando de cabeza un frasco mediano de vidrio marrón con una etiqueta en la que se leía la palabra REMEDIO –. Ella sabe que ese jarabe me sirve para todo.

      –Dubis está ahora con un cliente, doña. Apenas acabe le digo que se lo prepare y se lo traiga. Pero no hable más que ya le está saliendo es un silbido todo miedoso.

       –Esa berraca sí salió adidta al trabajo. Lo malo es que no ha aprendido a repartise entre esas asesorías cenitales que hace y el servicio doméstico de esta casa. Ojalá no se le maluquié el paciente como le pasó la otra vez que casi se nos muere de un colagso el dotor Peláez. ¡Ella y su bendita maña de metese con señores de la odtava edad!

       –Sí, pero esos son los que dejan buen billete y usted necesita sacar su CVY* , ¿no?

       Éridson sabía muy bien cómo manejar las pataletas de doña Rudesneda. Ella lo había recibido en su casa cuando él apenas tenía trece años porque su legítimo padre –también militar y amigo de Míster Solo– no quería hijos maricas. Desde el primer día el muchacho se dedicó a asistirla, llevarle la corriente en sus delirios de actriz famosa y cantante, y a peinarla para sus soñadas presentaciones de cabaret que ocurrían abajo en un salón que agonizaba entre terciopelos y brocados polvorientos. A propósito, él también tenía aspiraciones como actor y estilista.

       –Oíme, papi –lo detuvo doña Rud, incorporándose–. Se me acaba de ocurrir una idea. ¿Por qué no le decimos a Dubis que nos dé una manito esta noche y haga ese baile que hacen las peladas en bola con un tubo? Cómo se llama ese baile…

       –¿Pole dancing?

     –Eso, tol danci. La vaina es montar ese tubo y ponerlo en el centro del salón donde tenemos el exenario. Y que ella nos entretenga la clientela y luego vemos si puedo cantar.

       –Y el tubo, doña, ¿de dónde lo sacamos?

       –Buscalo entre ese reguero e trastos que hay en el sótano. Ay, mirá otra vez a La Tongo haciéndose chichí contra el fleco e la cortina, qué hijuemadre perra. Vení pa’ cá, condenada, por buena te ha dado, ¿no, desmuelicada? Ya no le gusta en el sofá a esta mañosa.

       Tongolele Akumba, la mascota de doña Rudesneda, “una perra de mucha raza junta”, miniatura, desdentada y medio calva, dormía siempre entre las almohadas de satín de poliéster rosado junto a su dueña. Al mismo tiempo que “La Tongo” buscaba acomodo después de orinarse también sobre el tapete, doña Rudesneda seguía la conversación con Éridson, que viéndola más despierta, había empezado a abrir las cortinas. De repente, doña Rud se fijó en la extraña vestimenta de su protegido.

       –¿Y vos por qué andás vestido así?

       –Desde ayer le dije que hoy tenía casting.

       –¿Otra vez pastin? ¿Y vas a hacer de hombre o de mujer?

       –De hombre.

     – Entonces, ¿por qué te pusistes pantalón bombacho y media velada? ¡Colocate algo más viril, carajo!  Calzate más bien un pantalón y un corbatín. Con razón es que no te escogen; ¡se te está notando demasiadamente lo afeminado!

       –Es que es para un papel de época.

       –¿Cuál época? ¿Cómo se llama el diredtor?

       –Es para una obra de William Shakespeare.

       –Pues conseguite el teléfono de Ulian Chespi a ver si podés ir vestido así.

       –¡Ese se murió hace años, mi ama!

     – A buena hora se vino a morir el señor. Qué suerte la tuya tan triste, papito. En serio, haceme caso. Pero antes, andá a hacer lo que te dije del palo pal baile de Dubis. Bajate al sótano y llevate una escoba y a Tongolele pa’ que te ayude a espantar esa comparsa de ratones que debe haber allá.

       –Listo, señora. Pero venga y le compongo esas greñas, no vaya a ser que venga el Míster y la encuentre con ese avispero revuelto– le sugirió su hijastro ofreciéndole dulcemente el espejo que la doña mantenía sobre la mesa de noche.

       Doña Rud, como siempre, muy coqueta y vanidosa, obedeció mientras sus ojos se iban a mirar parajes perdidos dentro de ella misma. Su visión debía ser algo parecido a una explosión de infinitos mundos que, como partículas de una hojarasca agitada por muchas tormentas seguidas, empezaban a desvanecerse sin el efecto de su imprescindible Pinofrín Actavis.

     –¡DUBIIIIIIIIIIIIIIIIIIIS! –gritó (o silbó) espantada, por la última rendija abierta de su garganta.

       –¡Sí, doña, ya se lo estoy llevando y bien reforzado! –contestó la joven empleada que venía subiendo las escaleras cantando un vallenato.

 

* (CVY: “cómo voy yo ahí”, “serrucho”, “tajada”, “coima”).